Soy un apasionado del retrato.

Siempre lo he sido. Me fascina ese momento en el que alguien decide ponerse delante de una cámara y mostrarse. Por eso la historia que te voy a contar hoy me encanta.

En 1979, Richard Avedon era el fotógrafo de moda más famoso del mundo. Había retratado a Marilyn Monroe, trabajaba para Vogue, sus imágenes definían la estética de una época.

Ese año, Mitchell A. Wilder, director del Amon Carter Museum, le propuso algo insólito: fotografiar el Oeste americano. No los paisajes, sino a la gente. Los mineros de carbón, los trabajadores de mataderos, los rancheros, los drifters.

Avedon aceptó. Pero con una condición no negociable.

Llevó su estudio de fotografía al desierto.

Durante cinco años, de 1979 a 1984, Avedon y su equipo recorrieron 17 estados, 189 pueblos. Montaban un rollo de papel blanco en medio de Wyoming, en un rodeo de Montana, junto a un matadero en Nebraska.

El mismo método que usaba con celebridades en Manhattan en su estudio fotográfico —fondo blanco, control total— ahora en polvorientos pueblos del Oeste. Con una diferencia: luz natural. La cámara Deardorff 8×10 ya pesaba lo suficiente para moverla en furgoneta. No había espacio para equipos de iluminación.

752 sesiones. 17,000 hojas de película expuestas.

¿Por qué mantener ese sistema?

Porque Avedon había descubierto algo fundamental: el control total no depende del espacio, depende del método.

Su fondo blanco no era decoración. Era un sistema de eliminación. Eliminaba el ruido, las distracciones, el contexto que podía condicionar la mirada. Lo que quedaba era puro: la persona, su postura, su mirada, su vulnerabilidad.

Pero hay algo más profundo.

Avedon preparaba cada sesión meticulosamente. Hablaba con sus sujetos, hacía preguntas difíciles, creaba un espacio de confianza antes del clic.

Laura Wilson, su asistente durante todo el proyecto, documentó cómo Avedon nunca se escondía detrás de la cámara. Se colocaba al lado, hablaba, conectaba.

El fondo blanco era la herramienta. La conexión humana era el objetivo.

Un minero cubierto de hollín, un drifter en la Interstate 80, una fisioterapeuta en Montana. Todos fotografiados con la misma dignidad que las estrellas de Hollywood. Porque para Avedon no había diferencia: cada persona merecía el mismo rigor, el mismo respeto, la misma atención obsesiva al detalle.

Cuando la serie se exhibió en 1985, fue controvertida. Los críticos se dividieron: algunos la consideraron magníficamente conmovedora, otros la acusaron de fría y sin empatía. «Esta no es nuestra América del Oeste», escribió un periódico local. Mostraba mineros cubiertos de hollín, trabajadores exhaustos, rostros sin sonrisas.

No era el Oeste romántico de películas y anuncios de Marlboro.

Avedon lo sabía:

«Este es un Oeste ficticio. No creo que el Oeste de estos retratos sea más real que el Oeste de John Wayne.»

Su respuesta era clara: no pretendía objetividad. Pretendía control. Control para crear el espacio donde la persona pudiera mostrarse sin máscaras.

Y ese control empezaba mucho antes del disparo.

 

Tres años construyendo un método

openbcn studios nunca ha sido solo un estudio fotográfico. Durante 3 años he trabajado para poder ponerle nombre a algo que lo hace diferente.
Ahora tiene nombre: MAÎTRISE.

Cuando empecé con este plató fotográfico, mi mayor reto no era el espacio o el equipo. Era conseguir que me entendieran. Que no me compararan solo por metros cuadrados o tarifas. Que vieran lo que realmente ofrecía un estudio fotográfico diferente.

Pero yo venía del retrato. Y del retrato aprendí que lo que la gente valora en la producción fotográfica es cómo se siente cuando trabajas con ellos. No es quedar bien, es ser capaz de mostrar una actitud. Eso te lo da el control. La anticipación. Ocuparte de los pequeños detalles para que después puedas improvisar durante la producción y obtener ese plus.

Como Avedon llevando su fondo blanco al desierto.

MAÎTRISE es nuestro fondo blanco. Es el sistema que hemos construido para que cuando llegues a nuestro plató fotográfico en el centro de Barcelona, todo —absolutamente todo— esté diseñado para que tengas control total, sin ruido.

No es sólo el estudio de fotografía bonito. No es el material caro. Es la obsesión por eliminar fricciones. Por anticipar. Por crear ese espacio donde puedas concentrarte en lo único que importa: tu visión.

Eso es MAÎTRISE.

Las reseñas que recibo sobre openbcn studios no hablan del ciclorama o de la sala. Hablan de cómo se sintieron trabajando en el plató, simplemente.

Avedon entendió que su trabajo no era hacer fotos bonitas. Era crear las condiciones para que la verdad pudiera aparecer.

No todos los proyectos de producción fotográfica necesitan este nivel de control. Cada productor tiene sus prioridades. Y está bien.
Yo elegí especializarme en una: control total sin fricciones en un plató fotográfico en el centro de Barcelona. En crear ese espacio donde no tengas que pensar en nada que no sea tu visión.

Si eso es lo que buscas en un estudio de fotografía, entonces quizá openbcn studios es para ti.

Marc
el que tambien escribe l’Atelier d’Idées by openbcn studios

P.D. La serie completa de «In the American West» tiene 103 fotografías. Ninguna fue recortada, ninguna fue retocada. El sistema de Avedon funcionaba porque cada elemento estaba pensado desde el principio. Igual que MAÎTRISE.

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