Hace unos días me crucé con una frase de Johan Cruyff. No tenía ni idea de dónde venía, solo sabía que era suya.
Me quedé con ella. Y cuando fui a buscar el contexto, descubrí que era del Mundial del 74 — justo ahora que estamos en pleno Mundial 2026, lo cual tiene su gracia, porque el fútbol no es lo mío. A mí me tira más el pádel y la F1.
Pero da igual. No fue el Mundial lo que me llevó hasta esta frase. Fue al revés: la frase me llevó hasta una historia que me pareció demasiado bonita para no contarla.
Múnich, 7 de julio de 1974.
El Olympiastadion está lleno. El árbitro inglés Jack Taylor ha tenido que retrasar el inicio diez minutos: el personal del estadio había retirado los banderines de córner para la ceremonia de clausura y se olvidó de volver a ponerlos.
Saca Holanda.
Y durante el primer minuto, Alemania no toca el balón. Ni una sola vez. Quince, dieciséis pases, de un naranja a otro, mientras los alemanes corren detrás de una pelota que no consiguen tocar. Entonces Cruyff recoge el balón cerca del centro del campo, arranca, deja a Berti Vogts atrás y entra en el área.
Le derriban.
Penalti.
Gol.
Alemania todavía no ha tocado el balón.
Ese gesto —seguir jugando exactamente igual incluso después del gol, simplemente para imponer una manera de entender el fútbol— tenía un nombre: fútbol total. Cualquier jugador podía ocupar cualquier posición. Nada de roles fijos, nada de esperar instrucciones. Una idea de Rinus Michels, perfeccionada por un veinteañero llamado Johan Cruyff que la llevaba al campo como quien lleva una convicción.
Alemania remontó. Breitner empató de penalti en el 25. Müller marcó el segundo antes del descanso. 2-1 para los anfitriones. Holanda perdió la final del Mundial del 74 jugando, probablemente, el mejor fútbol que se había visto nunca.
Lo sorprendente es que, cincuenta años después, mucha gente recuerda más cómo jugó Holanda que quién levantó la copa.
Esa idea sigue viva cincuenta años después — en el Barça del Dream Team que Cruyff entrenaría después, en el tiki-taka, en Guardiola, que de chaval era tan delgaducho que nadie quería arriesgarse con él hasta que Cruyff dijo: "si perdemos, perdemos. Necesitamos crear jugadores." Lo ascendió igual.
Cruyff lo resumió años después con una frase que se ha repetido tanto que casi se ha vuelto cliché — pero que él se la creía de verdad:
"Es mejor perder con tus propias ideas que con las de otro."
No habla de fútbol. Habla de tener una idea propia y sostenerla aunque el marcador diga lo contrario.
Esa frase se me quedó dando vueltas durante varios días. Porque, sin darme cuenta, llevaba tiempo tomando decisiones exactamente por ese motivo.
Sin haberlo puesto en palabras
Llevo semanas sin escribir este newsletter.
Podía haber escrito cualquier cosa para no romper el ritmo — un texto correcto, publicable, que cumpliera el calendario. Preferí no hacerlo.
Preferí esperar a tener algo propio antes que publicar algo prestado.
Y pensándolo, esto del "perder con tus propias ideas" lo llevo aplicando en el estudio desde hace tiempo, aunque nunca lo había puesto en palabras así.
En este sector lo habitual sigue siendo separar fotografía y vídeo en dos tarifas distintas y añadir extras que aparecen al final del proyecto. Yo decidí hacerlo distinto.
Una tarifa única para el alquiler del plató. Todo incluido.
Eso también ha tenido un coste. Ha habido proyectos que no salieron adelante porque encontraron un estudio más barato o porque querían negociar unas condiciones que yo no estaba dispuesto a cambiar.
En su momento dolió. Con el tiempo entendí que probablemente no estábamos buscando lo mismo.
No lo digo con superioridad. Lo digo porque esas pérdidas también forman parte de tener una idea propia y sostenerla.
Hace poco le di forma a Content Day. Un formato que no existía hasta que decidí que tenía que existir. Hay más ideas dando vueltas ahora mismo — todavía sin forma, todavía no sé si van a funcionar. Pero prefiero dejarlas madurar antes que forzarlas solo porque "tocaba" anunciar algo.
No sé si todas estas ideas saldrán bien. Lo único que sé es que prefiero descubrirlo construyéndolas que copiando las de otro.
El guion sigue avanzando. Esta vez, simplemente, tardó un poco más en escribirse.
Un abrazo,
Marc
el que también escribe l'Atelier d'Idées by openbcn studios
