Este verano no me fui a ningún lado. Otras prioridades. Pero sí apagué el ordenador unos días.

Uno de esos días fui a ver ICONS, la expo de Steve McCurry en el Palau Martorell. Fui con mi hijo. Está empezando la adolescencia — los que ya lo habéis pasado sabéis de lo que hablo, los que no, tranquilos, la vida os está preparando bien.

No fue de buena gana. La verdad, fue bastante forzado. Dos "charlas" en plena expo. Yo ya estaba tirando la toalla cuando nos cruzamos con una foto que lo cambió todo: un niño peruano llorando, con una pistola en la cabeza.

Se paró en seco. Dejó de quejarse. Empezó a mirar el resto de otra manera.

Al salir le pregunté cuáles le habían gustado más. Me dijo que las de paisaje.

Las de paisaje?! Como lo lees. De un fotógrafo al que nadie recuerda por sus paisajes.

Frontera con Afganistán, 1979

McCurry cruza a pie, disfrazado con ropa local, sin pasaporte, justo antes de que la invasión soviética cierre el país a la prensa occidental. Semanas con la resistencia. Al volver a cruzar hacia Pakistán, lleva los carretes cosidos dentro de la ropa y del turbante.

Esas imágenes dieron la vuelta al mundo. Eran de las primeras que Occidente veía de esa guerra.

Lo que hizo antes para llegar hasta ahí

Lo que casi nadie sabe es lo que había hecho unos años antes para llegar hasta ahí.

McCurry no estudió fotografía. Estudió cine. Y al graduarse no encontró trabajo en el cine, así que acabó en un periódico local de Pensilvania: dos años cubriendo graduaciones de instituto y reuniones de la asociación de vecinos. Trabajo estable. Nada que ver con lo que quería.

Ahorró, dimitió y se compró un billete de ida a la India. Dos maletas: una de ropa, otra con 250 carretes de Kodachrome. Se iba unas semanas.

Estuvo dos años.

Durante ese viaje llegó al norte de Pakistán. Y desde allí, sin encargo de nadie y sin que ningún medio se lo hubiera pedido, cruzó la frontera.

Esperar hasta que la cámara desaparece

Pero hay algo más que aprende por el camino, y que explica por qué sus fotos —de guerra o no— tienen esa emoción que tienen. Habla con la gente antes de disparar, conecta con ellos. Espera a que la cámara deje de ser un elemento extraño en la sala. Dispara muy pocas fotos — las justas.

Lo ha explicado siempre igual:

"Si sabes esperar, la gente olvidará que llevas una cámara y entonces aparecerá su verdadera alma."

Eso es lo que pasó con el niño peruano. La pistola era de juguete, por cierto. No hacía falta que fuera de verdad para desarmarte.

Y es lo que pasó, veinte años antes, con una niña de mirada verde en un campo de refugiados en Pakistán — la portada de National Geographic que seguro ya conocías, y que probablemente no sabías quién la había hecho.

Giuseppe y el calendario

Hace un par de años conocí a Giuseppe en el alquiler de plató fotográfico en Barcelona. Representante de Sudest57, la casa que produce las exposiciones de McCurry por medio mundo. No sé cómo pasó, pero conectamos.

Una de esas conversaciones que se alargan más de lo previsto porque ninguno de los dos tiene prisa por acabarla.

Al despedirse, sacó del coche un calendario Pirelli de 2013 — el que hizo McCurry, con mujeres reales de Río de Janeiro en vez de modelos posando. Me dijo que no le cabía en la maleta.

Mentira, claro. Simplemente le apeteció regalármelo y me sentí profundamente agradecido.

El calendario ha pasado a formar parte de mi pequeña biblioteca fotográfica que tengo en el estudio 🙂

Si estás en Barcelona antes del 6 de septiembre, ve a ICONS. No hace falta saber nada de McCurry antes de entrar. Solo hay que estar dispuesto a esperar un poco delante de cada foto.

Y si estás de acuerdo con mi hijo — que lo mejor son los paisajes — también me lo puedes decir. Aunque sea para llevarme la contraria 😉

Un abrazo,

Marc
el que también escribe l'Atelier d'Idées by openbcn studios

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